La casa

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Artiñano Etxea, es conocida por los mayores del pueblo como “el palacio”. Sus características arquitectónicas y su pasado burgués-industrial le deben su nombre, si bien ahora este caserío se ha convertido en un alojamiento rústico muy especial en el valle de Orozko, a las faldas del Parque Natural del Gorbea.

Artiñano Etxea cuenta con 7 habitaciones dobles, amplios salones con una gran cristalera (ideal para grupos), cocina completa, un portalón antiguo, piscina y algunas curiosidades como una biblioteca que conecta dos habitaciones (muy práctica para los padres con niños) o una capilla donde antiguamente se daban misas. Todo ello rodeado de un jardín de altos árboles diseñado en 1914 por un paisajista inglés, que alberga una gran piscina, lo que hace del lugar un espacio muy íntimo y agradable. Los propietarios vivimos en la tercera planta del inmueble junto a nuestro gato que merodea por la zona . No obstante lo único que se comparte con los clientes es la escalera de acceso a las habitaciones.

Diez minutos andando separan Artiñano Etxea de Zubiaur, el centro de Orozko, donde se puede potear, pintxear, dar paseos, visitar el Museo…Para aquellos que prefieran la montaña, tendrán un amplio abanico de posibles rutas; desde la subida a la mítica Cruz del Gorbea o el ojo de Atxulaur hasta otros senderos menos conocidos como puede ser la ruta de los Kikirinauxis o la cueva de Supelaur.


Dos grandes salones, uno de ellos acristalados hacen de la planta de abajo un espacio luminoso y amplio donde poder sentarse frente a la chimenea en invierno y disfrutar de los rayos del sol en verano.

Los cuadros y la antigua pianola le dan un toque especial a estas estancias donde poder comer, echar una siesta o simplemente descansar y charlar. Además, convertir estos salones en un espacio diáfano es sencillo, algo muy práctico para festejos o determinadas actividades.

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Con la mayoría de los muebles originales de la casa, techos y suelos de madera y antiguas ventanas, las habitaciones sugieren rusticidad y un ambiente cálido. Las siete habitaciones son dobles, dos de ellas con capacidad para alojar camas supletorias y una situada en la planta baja para facilitar acceso a quienes lo necesiten.

 

Un amplio jardín rodea Artiñano Etxea; lo recorre un sendero de grava desde donde se puede admirar la gran variedad de los árboles que allí se plantaron hace décadas. La piscina, de diseño antiguo y decorada con una curiosa rosa de los vientos, multiplica la diversión en verano. Además, con el buen tiempo, podemos hacer uso de las barbacoas y disfrutar de las comidas y sobremesas al aire libre.
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